Qué podría decir una noche como esta, llena de estrellas y la luna llena. Solo me atraviesa el pensamiento la incertidumbre de saber que estará atravesando el suyo, como si no hubiese nada más importante en qué pensar, yo me encuentro acá, sentado, acostado, caminando, divagando, como si fuera justo desgastarme tanto cuestionando algo que no podría saber, aunque no puedo negar que me encantaría adivinarlo, volar a través de sus pensamientos, de sus dudas y aún más que eso encontrar en el rincón más exacto de sus labios la respuesta a mis preguntas, a esta sensible y nerviosa voz en mi garganta a punto de gritar de tristeza.
Esto se vuelve justo cuando reviso mi pasado, pero me duele la idea de pensar que mi crueldad haya puesto en otro cuerpo este mismo sentimiento, siento un vacío y quisiera poder sentir en mi ser con la misma fuerza a quien me siente a mí, pero que más puede pedir uno en situaciones como esta, cerrar el capítulo en sueños tal vez, porque no hay ningún remedio que sea más confortable que ese, a menos que esté confabulado con mi profunda manera de dormir y quizá se cuele entre tanta belleza una que otra imagen que me impida olvidar lo que consciente no me deja descansar, y lo que en ocasiones me acompaña hasta el momento antes y después de despertar.
Sé que estoy cerca de un adiós, pero no entiendo porque me aferro indescriptiblemente a esto que no sé cómo nombrar, sería fácil si en el diccionario hubiese una sección dedicada a decepciones amorosas, y junto a esto la cura inmediata a esta. Si algún día la encontrara seguro la escribiría y me haría millonario con las miles de copias que podría vender, estoy seguro que no soy el único ser en el mundo que en este mismo instante sufre de manera poco normal, es un sentimiento al que uno termina acostumbrándose porque en él encuentra no solo ese alguien, sino todos los recuerdos buenos y malos que le ponen presente lo poco audaz que ha sido y lo estúpido al entregarse a quien no lo merecía, y por si fuera poco, en ocasiones ni siquiera nuestros ojos cegados logran quitarse la enorme venda negra que termina por tapar el rostro entero, y seguimos con nuestros golpes de pecho por no poder seguir con esto que nos carcome por dentro a medida que pasa el tiempo, porque pasamos relaciones enteras alimentando un bicho con más cerebro que nosotros tan faltos de inteligencia al momento de amar.